Nuñez, Urbano Joaquín
| Alguna de sus obras |
Nació en Cabildo, provincia de Buenos Aires, el 25 de Mayo de 1916. Radicado después en San Luis, falleció en esta ciudad el 26 de enero de 1980.
En esta capital puntana desarrolló una vasta actividad. Fue secretario y luego director del Archivo Histórico y Gráfico de San Luis, Secretario de la Escribanía de Gobierno en 1958/60; Asesor de la Intervención Federal en esa provincia en 1960 y Director del Museo Histórico de Bellas Artes y Ciencias Naturales. Fundó la Asociación Cultural Sanmartiniana, presidiéndola y además fue miembro de varias entidades de carácter histórico. Participó en distintos congresos de historia, genealogía y ciencias. Ha pronunciado conferencias en Buenos Aires y ciudades del interior.
Destacado investigador histórico y escritor, ha publicado interesantes trabajos fundados en documentos y observaciones de auténtico y positivo valor. También colaboró en diferentes publicaciones como : "El Hogar"; "Nativa"; "Estudios"; "Hojas puntanas"; "Voces"; y en los periódicos: "Democracia" y "La Opinión" de San Luis y en Los Andes de Mendoza.
Entre sus obras editadas sobresalen: "Stella Maris", poesías; "San Luis, lecturas regionales", 1961; "San Luis y los Granaderos", 1963; "El Chorrillero" poesía, 1969; "Elegía del fiel mensajero", prosa, 1970; "Amarilla hoja de otoño ... Adiós a Antonio Esteban Agüero", 1971; "Hacia la patria grande", invocación, 1973; "El Señor de Renca"; "La espada rota", cuento, 1974; "Meditación frente a una lanza", 1977; "Espigas para una ofrenda", 1979; "Historia de San Luis", 1980.
Con justeza, Pastor ha llamado período glorioso de su historia al vivido por San Luis bajo el gobierno de Dupuy. En él fructifican los siglos de valor y privaciones; en él adquiere robustez de símbolo la puntanidad. Quien no sea capaz de entender la lección y el mensaje de esos largos y duros años, no sabrá jamás de dónde venía este pueblo y adonde quería llegar ...
¿Quién es ese Vicente Dupuy que viene a cargar con la tremenda responsabilidad de gobernar en la tormenta? Un capitán de los que hizo la patria: de poca ciencia castrense pero de rotunda voluntad, de fervor contagioso, de cabeza y corazón fieles. El nuevo teniente gobernador se considera "un buen americano que sólo desea tener muchas vidas para sacrificarlas en favor de los derechos de su patria". Los hechos, a través de ásperas jornadas, no lo desmiente.
... Buen sembrador San Martín apreció de inmediato la nobleza del trigal puntano. Lo vió levantarse con la gallardía del que no teme darse; lo contempló después en la humillada gracia del que preanuncia el pan; y lo admiró más tarde, con toda la grandeza de su alma cuando no quedó de él más que una sombra parda, a la vera del tiempo molinero.
Quien llamó a San Luis "leal y generosa" hablaba por boca de la historia. Y tocaba, tal vez sin darse cuenta, el cogollo de la puntanidad.
Dupuy también supo comprender a los puntanos. Por eso se acercó a ellos por los caminos de la religión y el patriotismo, avivando fervores y dando hondura al quehacer cotidiano. En esta ciudad de la Punta, el teniente gobernador fue, hora tras hora, la espalda fiel y la chispa comunicativa. Como buen músico que era, teñía todas las cuerdas del alma popular. De cada fausta nueva hizo un revuelo de campanas, un estrépito de fusiles, un baile o una serenata. Cantó y enseñó a cantar la Marcha Patriótica, se puso a la cabeza de los hombres y las mujeres que salían por las calles vitoriar la Patria, improvisaba cielitos para tornar más donosa la alegría.
Pero no se olvidaba de Dios. Frente a su altar se inclinaba y hacía que todos se inclinaran. Porque a nadie dispensó esta obligación, fuese patriota o realista.
Tras el redoble de la caja guerrera, la proclama de Dupuy se levantaba como un fuego inextinguible para robustecer esperanzas o raclamar el último sacrificio. Su acento retemplaba el coraje, aceraba la voluntad, convocaba las manos laboriosas. Y el ángel de la victoria batía sus alas majestuosas sobre la heroica ciudad de San Luis.
San Luis que lo había dado todo, que empuñaron las armas libertarias para rubricar el sacrificio de una tierra donde todo era posible desde gloriarse en la miseria hasta salir, de la mano de Dios, a comenzar de nuevo.
San Luis no mentó pobreza. Dio hasta lo que debía haber retenido para subsistir. Por eso la suya no fue una contribución sino inmolación. Todo sirvió para vigorizar la Patria, para liberar los pueblos americanos, para tornar realidad la concepción genial de San martín. En la inmortal provincia de Cuyo, el pregón sanmartiniano conmueve hasta el polvo de las tumbas ... Sobre los telares y los morteros, en el patio apacible y en el bravío corral en la huerta y en el campo, no es el sudor el que cae sino la sangre misma, la vida entera de un pueblo que ama el orden, que no quiere cadenas, que todo lo espera de la misericordia de Dios.
de "Historia de San Luis"